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PATRICIA HERBÓN
Libro colaborativo. Patricia Herbón (Argentina) creó la imagen y el papel y yo el texto con su respectivo papel y el ensamblaje.













                                   HOJAS DE PLATANO

 

 

 

 

     Eran los primeros días del invierno, en plenas navidades, paseando por el maravilloso y descuidado bosque de la Alhambra y buscando hojas de plátano que cupieran dentro de mi cartera para que no se estropearan. Hojas secas nervadas y perfectamente recortadas. Hojas muertas sin rastro de vida por ninguna parte, ni interna ni externa. Hojas que el viento había amontonado a los lados del camino. Hojas que no cayeron a la acequia ni fueron pisoteadas por los viandantes que paseaban por la penumbra de la triste vegetación.

   Necesitaba dos brácteas identicas para pegarlas en sendos libros de artista que pensaba confeccionar, me habian llegado las ilustraciones de Argentina y debía de crear un texto para ellas.

   Pareciera que podía ir por buen camino, ya lo habian visto dos personas, como siempre mi mujer Conchi, pero esta vez había sido su sobrina Carmen Millán la encargada de transmitirme las sensaciones que le aportaba aquello que veía por primera vez. Era su primer contacto directo con este mundo del arte, era la primera vez que veía mis obras y parecía entusiasmada por la variedad y cantidad de cosas que descubrió en la casa.

   La puse en antecedentes y le pregunte todo cuanto pude sobre las vibraciones que le había aportado aquello que tocaba y veía, para que así pudiera yo comenzar una historia para ilustrar la poesía de múltiples colores y formas que me había mandado mi amiga Patricia.

   Fantástico fue el resultado, vio y mucho, me transmitió todo lo que percibió de ese libro, los sonidos que yo no había escuchado, las tonalidades que habian quedado veladas por mis cansados ojos, el olor que llegó hasta su virginal nariz. Fue todo un descubrimiento, la comunión entre ella y el libro me dejo totalmente desarmado. Ella será la verdadera artífice de la ficción que os contaré después de abrir todo el abanico de posibilidades que desplegó sobre mi mesa.

  En su peculiar “Brain storm” me contó ideas sueltas, pero muy interesantes. Carmen que a sus veinticuatro años apenas había tenido contacto con el arte en vivo y mucho menos conmigo supo desgranar la margarita de estímulos visuales de un modo totalmente distinto a lo que yo hubiera imaginado, fue un maravilloso descubrimiento, ver como emanaban y fluían sus palabras acerca de aquello que había conocido por primera vez, y que tan especial le parecía.

   Voy a presentar tal cual me vertió sus ideas sin modificar nada, para que se sepa cómo una persona ajena a este especial juego de “cadavre esquís” describió lo que su sensibilidad le aportó en aquel momento y justo después de conocer de primera mano un mundo sensorial que nunca imaginó.

   Sólo le conté cómo era el evento y cómo funcionaba, y por supuesto después de ver todos mis libros de artista y una gran cantidad de obras plásticas de mi producción y de algunos amigos, como ya había dicho. Le presento el libro y acto seguido le interrogo para que me diga todo lo que siente, lo que ve mientras yo lo transcribo todo a una hoja, puesto que le comento que quiero hacer el texto apoyándome en sus ideas y que por supuesto hablaría de ella en mi historia. La lista que os pongo a continuación fue el resultado que conseguí.

 

  1  JUEGO PATAPÓN  (juego mitológico)

  2 CULTURA MAYA, ES TODO MUY ETNICO

  3 ARBOL CON VIDA, Y QUE NOS PRESENTA SU PROPIA AUREA

  4 ATRAPASUEÑOS

  5 PUEBLOS INDIGENAS

  6 PROTECCION QUE NOS BRINDA EL AUREA

  7 EL PAPEL LE LLEVA A RECUERDOS DE SUS PRIMEROS AÑOS

  8 LOS DISCOS LE RECUERDAA LOGOTIPOS DE PROTECCION

  9 LOS DISCOS NEGROS LA LLEVAN AL MUNDO DE LA BRUJERIA, DE LA  MAGIA

 10 LOS COLORES LE TRANSMITEN PAZ Y TRANQUILIDAD, PERO TAMBIEN ALEGRIA

        

 11 le pregunto por los atrapasueños

     SON AMULETOS QUE SE LLEVAN LOS  SUEÑOS MALOS Y SOLO NOS  DEJAN LA BUENA ENERGIA.

        

 12 Le pregunto por el significado que para ella tiene este intercambio.

      EL LIBRO ES EL REFLEJO DE LA VIDA DE LA CREADORA, Y QUE YO LUEGO REFLEJARÉ LA MIA EN EL TEXTO.

 13 COMO COLOFON DE TODO ME DIJO QUE LE PARECIA OTOÑAL Y AÑEJO EL LIBRO.

           

 

  Días después repaso el contenido de la charla y comienzo a conectar los tres vértices de este triangulo, con el fin de lograr una buena sinapsis para que podamos unir estos tres vértices en una bonita pirámide con un cenit único, alto y muy fuerte, que nos dé energía para sobrevivir este largo invierno que estamos pasando en el hemisferio norte.

     El árbol, todos los árboles, mi árbol, este que tengo en mis manos está vinculado a la riqueza simbólica del “árbol de la vida”, presente en muchas  culturas y religiones de todo el planeta. El árbol de la vida es un árbol central, cósmico, eje del mundo y de mi libro, porque su savia es la luz, sus frutos me dan la felicidad, su sombra nos regala fertilidad y se renueva cada año para nosotros, convirtiéndose así en un ser nuevo y mas vigoroso.  Por medio de él se establece la unión entre lo tangible y lo intangible, su influencia comienza en el suelo, incluso mas abajo, muy adentro de la corteza terrestre y se extiende hasta lo más alto del firmamento.

   La Alhambra no es sólo la culminación del arte que la presencia musulmana dejó en Al-andalus, es además y ha sido a través de los siglos un gran jardín, un pequeño bosque donde arquitectura y vegetación alcanzan un equilibrio  perfecto, la armonía se deja sentir por todos los poros de nuestro cuerpo. Los efectos sonoros, olfativos y visuales conseguidos entre agua y plantas son una invitación para todos los sentidos. El bosque de la Alhambra se sitúa en la falda de una colina, dominando el paisaje y configurándolo. Además se encuentra en un recinto amurallado y protegido por una amplia zona boscosa. Nadie puede penetrarlo sin ser autorizado y hoy es mi bosque, soy su amo y señor. El agua siempre está presente recorriendo su corazón, regando los huertos con acequias, sugiriendo mil y una historias a cada paso que damos. Pasos cortos, en un caminar suave para no despertar a los espíritus que aun recorren sus estrechas veredas haciendo crujir las maravillosas hojas de acanto que deleitan nuestras pupilas, en este entramado de capiteles corintios.

    En la dehesa del Generalife me encontraba frente a una edificación compuesta por pequeñas retículas a modo de enjambre, pero cuadrangulares, había infinidad de inscripciones, la tipografía variaba mucho e incluso el color de ellas, los tamaños, el color de cada una de las fachadas era diferente, además el sol se reflejaba sobre ellas y me era muy difícil de distinguir de qué se trataba realmente, estaba todo muy caótico, había macetas en muchos de los alfeizares de las ventanas, pero todas muy descuidadas, algunas a punto de caerse. Pero algo muy curioso que luego pude comprobar fue que las calidades de la construcción era excelentes, apenas habían alguna línea sinuosa, todo estaba a escuadra, menos los tejados, que eran de teja árabe y nada tenia que ver con las lujosas fachadas que estaba contemplando.

   La calle en la que estaba de pie observando la extraña edificación no estaba asfaltada y era de tierra rojiza muy habitual de la zona en la que me encontraba. (“Alhambra” en árabe es “al-Ħamrā” (اَلْحَمْرَاء, 'la Roja'), procedente del nombre completo “al-Qal'a al-hamra”). A mi espalda había un pequeño árbol alto, enhiesto, perennemente verde y de gran longevidad, desprendía un suavísimo y agradable olor, que hay quien lo denomina como el “olor de la santidad”. Hace unos minutos que sé que a esta escultura viva se le denomina el árbol de la vida, pues allí estaba yo en el Cementerio de San José, frente a unos nichos familiares y curiosamente, o no tanto a mi espalda estaba mi nuevo descubrimiento, este árbol que siempre que puedo tocarlo le arranco unas hojitas para disfrutar su olor a lima-limón, a resina,  a verde y que luego deja pegajosos mis dedos por un buen rato.

    Dos meses después de aquellos momentos he vuelto a ese especial bosque, donde viven los cipreses más legendarios de la España islámica, el del Generalife, donde los altivos árboles, con más de seis siglos de historia y 30 metros de altura, constituyen una doble pared natural, siempre verde. Allí estaba paseando, disfrutando de la melancolía del otoño, de las tonalidades rojizas que le arrancaban las copas más altas de los plátanos al sol. Allí volvía a rememorar mis días, mis años pasados, mis sueños, mis miedos…

     Selecciono hojas de “Platanus orientalis”, ese árbol que encarnaba para los griegos "La Paz" y era bajo su apreciada sombra donde Sócrates reunía a sus discípulos para impartir las clases. También era el lugar escogido por mí para recolectar un pequeño adorno en el libro que tenía que crear para la ilustración de mi amiga Patricia Herbón que con tanto amor me había creado y mandado desde Argentina. Libro que pudo ver mi sobrina en primicia haciéndome disfrutar con su mirada limpia, libro que posee la belleza de la sencillez, y la profundidad del trabajo honesto y serio.

  Ya tengo el libro terminado, ese frutal me ha regalado momento de placer, ratos de melancolía, pero sobre todo sensaciones nuevas, también he aprendido algo sobre la vegetación de mi tierra, de sus orígenes y he podido conocer a alguien desde una nueva perspectiva.

  Desde ahora estos dos libros descansaran en los anaqueles de dos personas que no se conocen y a miles de kilómetros de distancia. Las frutas que me regala descansarán para siempre en las bonitas cestitas hábilmente urdidas por manos artesanas, mientras que espero que las que cuelguen de sus ramas permanezcan allí año tras año para poder seguir recogiendo su fruto y el fruto de los árboles de mis amigos y seguir componiendo sinápticos libros.

   







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