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LIbro de artista 2º BBAA

 

 

LIBRO DE ARTISTA ( SIN TÍTULO)

 



 

 

INTRODUCCIÓN

 

 

El trabajo que presento es un libro de artista pensado y hecho para mi madre,
en las noches de hospital, en días de pesar y en ratos vacíos en el autobús o entre clases en la facultad mientras espero y para olvidarme de todo y no tener que pensar en nada ni hablar con nadie.


   Mamá lleva ingresada un año en una residencia aquejada de Alzheimer, enfermedad que le llegó súbitamente y que la tiene postrada en un sillón.

Es libro realizado íntegramente por mí, sus medidas son 25 cm. X 16 cm. La cubierta la he realizado con cartón gris de gran densidad y la decoración es marmoleado casero con pintura para uñas rojo que es el color que ella usa y el fondo blanco para dar luz y limpieza al conjunto, pues ya nunca más vuelvo a usarlo, para así dar lugar a una historia gris, parda y muy triste, el lomo es de cuero natural con nervios simulados.

Los papeles de encuadernación son también manufacturados por mi con tinta de serigrafía y óleo, simulan un marmoleado antiguo. No hay título ni ninguna indicación de lo que nos vamos a encontrar en su interior, pues ya desde el primer momento quiero empezar la historia del olvido con esta indicación que puede parecer a priori un tanto desconcertante.

En el interior nos encontramos con un cuadernillo en el que explico la pieza, lo monté sin orden y así ha quedado desmelenada la historia como la mente de mi propia madre, aquí está la transcripción del relato sin el desmembramiento posterior de su ensamblaje, porque además tiene un tratamiento de envejecimiento en el que es casi imposible leer su contenido, como efecto de la propia enfermedad y sus secuelas.

Finalmente queda el propio libro que es un papel policromado montado en acordeón de siete metros de longitud

 

 


 

 

LIBRO DE ARTISTA ( SIN TÍTULO)

 


 

 

INTRODUCCIÓN

 

 

El trabajo que presento es un libro de artista pensado y hecho para mi madre,
en las noches de hospital, en días de pesar y en ratos vacíos en el autobús o entre clases en la facultad mientras espero y para olvidarme de todo y no tener que pensar en nada ni hablar con nadie.


   Mamá lleva ingresada un año en una residencia aquejada de Alzheimer, enfermedad que le llegó súbitamente y que la tiene postrada en un sillón.

Es libro realizado íntegramente por mí, sus medidas son 25 cm. X 16 cm. La cubierta la he realizado con cartón gris de gran densidad y la decoración es marmoleado casero con pintura para uñas rojo que es el color que ella usa y el fondo blanco para dar luz y limpieza al conjunto, pues ya nunca más vuelvo a usarlo, para así dar lugar a una historia gris, parda y muy triste, el lomo es de cuero natural con nervios simulados.

Los papeles de encuadernación son también manufacturados por mi con tinta de serigrafía y óleo, simulan un marmoleado antiguo. No hay título ni ninguna indicación de lo que nos vamos a encontrar en su interior, pues ya desde el primer momento quiero empezar la historia del olvido con esta indicación que puede parecer a priori un tanto desconcertante.

En el interior nos encontramos con un cuadernillo en el que explico la pieza, lo monté sin orden y así ha quedado desmelenada la historia como la mente de mi propia madre, aquí está la transcripción del relato sin el desmembramiento posterior de su ensamblaje, porque además tiene un tratamiento de envejecimiento en el que es casi imposible leer su contenido, como efecto de la propia enfermedad y sus secuelas.

Finalmente queda el propio libro que es un papel policromado montado en acordeón de siete metros de longitud.

 

 

 

 

 

 

BOCA HORADADA

 

 

 

 

 

Colores, luces de neón, globos de gas, ideas sin sombra en días de sol, azul turquesa sobre el mar, bajo el mar serpentean tinieblas amarillas entre los adoquines de coral.

Luces y sombras, gris sobre negro y carbón que quema, hierro candente, lacerante y humillante.

Remanso de paz que no llega. En la guerra, mierda que se amontona en mi plato, moscas que se agitan bailando sobre el festín.

Agujeros que se dilatan mientras pierden su luz, su ser. Agujeros muertos o mutilados, heridos y malolientes. Agujeros sin fin ni pudor. Agujeros que fulminan y tamizan la luz y envuelven el alma.

Colores, luces de neón, globos de gas, ideas con sombras en cárdenas tardes.

Luces y sombras, negro sobre gris.

 

 

 

Se apaga la luz, se desvanece el sol y la conciencia, se pierde el color, finalmente desparece también el amor.

Lúgubre, negra y mísera estancia en la que nunca amanece. Angustia y opaca vida en tu mirada, en tu borrada sonrisa.

 

 

 

 

Línea partida, borrada o perdida...

Días pasados, cuentos olvidados

Lágrimas perdidas en noches de insomnio

 

Vida vacía, cabeza perdida, manos de trapo y pies de cemento

Vida vacía, cabeza perdida, sin dudas ni miedos

Vida vacía, cabeza perdida, sin horas ni días

Vida vacía, cabeza perdida, pelo blanco y mirada turbia

 

Corazón perdido sin razón ni miedo

Corazón perdido, maltrecho, roto y sangrante

Corazón perdido y ungido, abandonado, dolorido...

 

 

 

 

Horizontes lejanos, vidas perdidas, sin luces, sin sombras. Noches largas, negras y frías, llenas de desdentadas imágenes teñidas de orín y sangre, de miedo y terror.

Ocre rancio, nauseabundo y vomitivo en negras cajas de húmedo cartón podrido y pestilente.

Cuervos de negro ónix, de cuencas vacías, sin plumas ni armazón, ni tan siquiera tienen escamas, sin armazón que los proteja. Cabezas rapadas y picos gelatinosos, babosos, blandos y viscosos.

Rictus, mirada seria, máscara de hierro y papiro, vida muerta y palabras mudas. Madre sin hijos, hijos sin madre, escondidos y acurrucados en las trincheras de la vida.

¡ Adiós vida adiós! No pudo despedirse, es una vela que se apaga y no quema, vela perdida sin soplo de locura.

Queman los recuerdos ahogados y nutridos de llantos sordos y lágrimas secas.

Queman las heridas nunca cerradas y jamás curadas.

Se muere el alma y se entierra la pena, no hay sepelio, ni salmos ni flores, ni tan siquiera hay velas. Sólo silencio y paz, ya nada renace ni crece, sequedad, muerte y hastío queda, pues ya ni miedo queda en la botella, no tenemos copas que llenar ni gotas que lamer.

El silencio lo impregna todo y la negra luz chorrea por sus hundidos ojos, mojando las ajadas comisuras donde yacen lúgubres pétalos de oxidado jazmín y tersas violetas.

Hojas de papel, ralladas, pintadas, garabateadas, rotas, pegadas y cosidas. Fuga de tinta y sangre de vino y basura, amarillo orín en parda y maloliente grasa. Legañas y pelos muertos en mi desmembrado y descolorido libro, en mi triste y apagada obra.

Naciste para morir, pero no sin antes sufrir y también herir. En vida mueres pero dejas tu mirada, tu espasmo, tu embozo y tu dolor. Páginas de existencia rebosa la obra de los recuerdos, láminas que disueltas quedan al final de la historia, apenas unas grapas, unos envejecidos hilos unen la perdida historia que fundida queda en el blanco papel teñido de exhalado robín.

Se torna ora gris, ora negro, fondos pixelados, dormidos en intensos y llamativos haces de negra y fría luz, azul turquesa desmelenado en pardas praderas de humeante hollín sobre mares de pesado cobalto.

Pies cansados, doloridos y fustigados, pies muertos y descolgados, de uñas rotas y cuarteadas como pezuñas resecas al sol de animales moribundos al sol en lejanos desiertos.

Boca muda y ojos abatidos, sin luz, sin alma ni pena, comisuras amarillas, grandes y hundidas, perdidas en las agrestes vertientes de espumantes y corrompidas ciénagas.

Arrugas superpuestas en la cara enjuta de piel seca y mustia, de vida rota y desmembrada, de pálida tez y de turbia mirada.

Nubarrones en tu cara, en tu pelo, nubarrones en tu cabeza y en sus negros cuervos, en tus manos, en tus uñas y dedos. Nubarrones sin lluvia, sin vida. Nubarrones que matan sin dolor y mueren sin perdón, nubarrones que pasan...

Escribe, escribe tus recuerdos, que no se pierdan, porque algún día no los reconocerás, pero mucho peor aún será cuando no sepas descifrar tu propia letra , ni tan siquiera tu propio idioma

Hunde la quijada en tu pecho y rompe tu dolor, tropieza con tu vida hasta trastabillar y clávate las lanzas de tus dedos en las finas y delicadas curvas de tu sien, que sangre y que brille por un instante la razón, que vivas por última vez, sólo un momento. Paséate un segundo por tu senda sin miedo ni pudor, con paso firme y siembra la paz que no tienes, y así con el libro terminado y cerrado puedas volar en soledad.

En trozos quedó todo, en mil pedazos desperdigados por el tortuoso camino de la vida están los pequeños retazos de la inconclusa historia. Ahora ya nada te importa, no más audacia, no más ignorancia, no más turbulencia ¿ ahora que queda ? - pregunto - ¿ahora que queda un negro vacío ? ¿ vacío, sólo vacío ? - pregunto -

¿ dime que hay ? ¿ dime ? - por favor, contéstame - ¿se acabó la lucha ? Nada quieres, pero... ¿ que piensas ? ¿ queda algo dentro?

 

Se queda el libro sin páginas donde escribir, se queda la vida sin pasajes donde andar, donde correr.

Pobre libro, pobre poeta que escribe con colores su paleta musical, triste vida del contador de historias, pues únicamente narra los encontronazos de la vida con la muerte. Triste alma la que tiene colgada el inerte cuerpo que ya no siente, vive pero no siente, no está entre nosotros, ni lo estará, la mamá se fue para siempre sin decir adiós, sin mirar atrás, la mamá se fue sin llorar, sin dolor. La mamá se fue y no volverá.

Libro vacío, nada que contar, nada que reprochar, la tirada es pobre, apenas un libro, unas páginas revueltas por el devenir de cuadernillos y que nunca debí escribir, unos versos entrecortados con esbozos de melancolía, palabras sueltas y mal contadas.

Turbia mirada que resume la vida y apaga la luz en apenas un suspiro, un hilo de esperanza sin verde ni rojo pasión. Hilo cosido sin aguja ni dedal, pespuntes rotos y heridas abiertas, sangre cuajada, cuarteada y muerta, sangre que no fluye ni alimenta, sangre fría y sangre que gotea. Salada sangre que mancha tu libro y sirve de tinta divina como si de una obra sagrada se tratara.

Libro de colores, de líneas y formas, libro cerrado y libro abierto.

Libro sin principio ni colofón.

Rueda sin fin como jaula de cobaya, no para, gira y gira y la ruleta no da premio ni concede vidas. Sin días ni noches, sin luces ni sombras, sin soledad ni bullicio. La solitaria rueda no concede ni arrebata, es una rampa delicada y sutil que engulle y saquea la vida, es un tibio fluido que absorbe y arrastra, marea negra que te lleva sin ruido ni dolor.

El tiempo lo marca esa esfera cadenciosa y vulgar, sin brillo ni color, sin freno ni acelerador y siempre,siempre sin alma.

Fracasa la bruma de tus ojos al chocar con los muros del sol de media noche, ni la luna de la mañana ilumina tu jaula de pájaro herido, la rueda que mueven tus pies marca tu ritmo vital y tañe la campana de tu vida en cada vuelta, de esa efímera y triste existencia que evanece y evanece ¡ No pares, no pares ! Alguien grita ahogadamente, pero no llegas a escuchar, no lo puedes entender, ya no miras ni sientes, no esperas nada, no te espera nadie mientras la rueda no para, ora la mueves tu, ora se mueve solo, pro nunca para.

Asientes sin mirar ni provocar, no sonríes en ningún momento, ya nada pides ni recibes. Me dices que no sueñas ni piensas, ni de la vida aguardas gracia ni perdón, pero sigues viva; sólo eso, sin esperar un hálito nuevo, ni una luz que te renueve.

La vida se escapa lentamente nada la para y su sentido se fue dejándote mal parada, mal alimentada.

Un día amoratada tu cara en su blanca y marcada piel, sangre de tus surcos ríos nacen y que a morir llegan al laberinto de tu cuello.

 

 

Duermes, siempre duermes, descansan tus fatigadas neuronas mientras algún sueño o soñador vela tu viejo cuerpo.

Ni lágrimas te veo, pues no llega la lluvia al desierto de tus emociones. Nada tienes que regar y nada va a crecer. Secándose al sol de tus pobres recuerdos, los pequeños páramos antaño praderas. Ni un sólo árbol queda sin manantial que los riegue.

Queda el hueco, el vacío de la horadad y muda boca.

Peón comido en el ajedrez de la vida, lugar que ocuparán otros borrando tu huella que alguien dejó. Únicamente quedarán algunas porciones de materia apenas imperceptible, teselas en triste y silencioso movimiento arrastrándose al borde del abismo hasta caer y despeñarse en el gran agujero negro que nos espera. Almas que deambulan en una marcha sin paso marcado, pero con rumbo fijo, es el reloj longitudinal del fugaz y triste devenir del ciclo vital, nada hay donde aferrarse, pero ahora nos lleva al final del camino con un paso dulce y acompasado como un animal inerte sin entusiasmo, sin pasión.

Una página un día, una hoja un año, un pliego una hora, y un cuadernillo una vida. Todo escrito y todo borrado, todo repetido y asimilado. Finalmente todo fundido.

 

La resaca de la marea marca los sonidos pardos y desvaídos colores culminan el libro, triste final en el olvido, en la angustia de lo incierto, sin miedo, sin sentido, apenas un bocado de aire sin mascar ni deglutir.

Sin vuelta atrás poco hay que aclarar, que resumir, la niebla lo oculta todo y nada parece que merezca la pena recordar, y sin vida anterior ni posibilidad de recuperarla, sólo queda dejarse llevar por las mansas aguas y su arrullo que abrazan plácidamente tu cuerpo blanco, blando y gelatinoso y que de allí cae a grasos y pestilentes charcos de orina y heces. El sinuoso recorrido del cauce no me deja ver el final del camino, esa desembocadura que nos enseñará el último tramo, aunque es muy probable que en ese momento ya no lo vea o no lo descifre, puede que deje de importarnos. No será trágico el final, pues era de esperar que la linfa ocultaran todo rastro de mi paso, de su paso por este inhóspito paraíso desarticulado. Desierto queda el camino de la vida, no queda ni una flor que marchitar, ni una planta que regar.

Finalmente no queda nada...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 











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